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9 cuentos en el borde

Cuentos que atraviesan una frontera, o se detienen en delicado equilibrio sobre la misma, para buscar mediante el extrañamiento de lo real algo más, que late en el velo siempre misterioso del mundo. Con desparpajo y libertad creativa, los estilos y enfoques sobre la trama varían del humor más ácido a la explosión cruda, pasando por la metáfora y el naturalismo aparentemente simple. 9 cuentos que dejarán al lector perplejo, curioso y esperando por más.

Autor: Valentina Gnucci

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Descripción del producto

Valentina Gnucci escribe historias en hojas de papel, en un idioma inventado, un círculo al lado del otro. Tiene dos años y su mamá le pregunta qué es lo que dice. Valentina jura y re jura que en ese idioma de garabatos y burbujas hay algo que contar. Hoy ella estudia letras y trabaja restaurando documentación. Por suerte siguió escribiendo y sonríe de la misma manera cuando escribe con burbujas, en verso en cuento o en escala mayor de do. También sonríe cuando deja la pluma por los tonos y semitonos en blanco y negro de un piano, cuando canta y toca como parte de la banda Doby.

Reseña

La permeabilidad del borde
Por Paula Tomassoni

Los mundos que las letras construyen, con sus reglas, sus paisajes, su lógica, son atravesados por los lectores que aceptan el pacto literario. Hay una experiencia (literaria) para habitar los escenarios naturales de la literatura. Esos paisajes que la tradición llama “espacio”, o que podemos pensar como “escenarios”, subrayando su carácter de artificio, son posibles de ser atravesados, respirados, compactados en el hacer estético, y vueltos a dilatar.
El lugar, y enseguida, la frontera. La línea que separa y al mismo tiempo conecta el acá y el allá, el adentro y el afuera y sus habitantes: los unos y los otros. “La oportunidad…” se lee en 9 cuentos en el borde, “…está del otro lado.”
Los cuentos de Valentina Nucci instalan su mirada en esa frontera. El lugar, como construcción literaria, es principal en todos los relatos. Con mayor o menor definición referencial, se planta como la entidad motora no solo de la acción y los personajes, sino de la atmósfera y aún el tono de cada historia. Una oficina, un Fiat seiscientos, la pensión del barrio, un local de Farmacity, el campo (y la ventana que separa el interior de la casa del campo), una casa llena de cajas (y el adentro de esas cajas: la historia del relato), entre otros.
Este trabajo con el escenario y la frontera tiene su máxima expresión en El ghetto, relato de tono apocalíptico que, al mejor estilo oesterheldiano, imagina un futuro de destrucción en la ciudad de Buenos Aires. Si en El eternauta impactaba pensar a los extraterrestres parapetados en la cancha de River, en este relato resulta curioso y a la vez provocador imaginar un mundo destruido, un mundo findelmundo, en las calles del microcentro de la Ciudad de Buenos Aires. Tiene, además, el relato, alguna relación con el espíritu fundacional: el río como frontera del adentro y afuera, como única vía de escape y salvación.
Nucci transita también, en este libro, un camino por fronteras estéticas. Cuentos humorísticos, violentos, metafóricos, salvajemente explícitos… Cada relato cambia al lector la mirada literaria, corrige la expectativa que se había construido en el anterior. La apuesta se sube para el lector al descubrir que los últimos textos no son relatos sino poemas. Hay entonces un corrimiento también en relación al género, sin otra justificación que la lectura. Y la literatura.
Sin embargo, a pesar de estas diferencias, los cuentos se hilvanan en un todo que comparte algo indefinible, específicamente literario, del orden del extrañamiento, o el misterio. El lector puede atravesarlos, cruzar y detenerse en la frontera dentro de cada relato, y también en la que existe entre cada uno. Pararse ahí, en el no-lugar, en el borde, es la propuesta.

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