cancion de aire - mere echague

canción de aire

Respiración y ritmo que se van encadenando en los poemas de Mere Echagüe, hasta conformar una melodía que atraviesa situaciones cotidianas, a veces absurdas, con humor sutil, a veces reflexivas y que llegan a una tensa abstracción. Como afirma Rubén Guerrero en el prólogo de “canción de aire”: “Este libro es la canción de todo eso que nos pasa cuando hacemos cosas, y es con esa materia que la autora pudo armar una música tonal de voces que, por propias y personales, suenan reales”. Los poemas cantan en la escritura escenas de la vida familiar o cotidiana, con humor y a la vez distendidos, hasta que algún elemento discordante hace explotar el escenario. Con una aguda mirada sobre la realidad, el ser humano y sus contradicciones, el libro nos hace escuchar con mayor atención lo que nos rodea: nuestra propia vida.

Autor: Mere Echagüe

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Descripción del producto

Mere Echagüe nació en el año 1987 en Posadas, provincia de Misiones: vive en Capital Federal desde 2011. Es traductora literaria de inglés. Empezó a escribir poesía en la adolescencia y en 2013 participó por primera vez de un taller de escritura creativa, donde comenzó a gestarse silenciosamente su primer libro. Forma parte hace seis años del grupo de teatro comunitario Matemurga como vecina actriz.

Reseña

El compás de la respiración
Por Rubén Guerrero
Canción de aire es de esos libros que suenan bien, que suenan lindo y se la bancan a capella: voz bien colocada, ritmo marcado, con mucho groove. Por eso hace que respires, leas, respires y sigas leyendo. Entonces, a medida que los poemas pasan dejan una melodía, un cantito, y ese rastro tan particular hace música. Porque en estos poemas la cuerda que suena es la cadencia: es ese ritmo que canta en soledad, que se piensa o se tararea en voz baja. Como se apunta en Seguirá el viento:

Un susurro:
cualquiera
en cualquier momento

Lo importante, parecen decir los poemas de Mere Echagüe, es el pulso. La armonía, el poema, entonces, es el compás que impone nuestra respiración a las cosas que nos pasan todo el tiempo. Es el ritmo con el que le contamos a los otros eso que nos pasa, o que no nos pasa, pero lo contamos igual: literatura de la experiencia. Si uno se guía por la sonoridad de esta obra, escribir y cantar parecen ser la misma cosa. Y uno se entretiene porque la melodía lo va llevando…

Los poemas de Canción de aire están marcados por el tempo que le ponemos a cocinar, a dormir, a mirar una película, a salir, a caminar, a nuestra vida doméstica. Por eso, en el yo lírico entona en La familia:

Canta
cuelga la ropa

Eso es buscar un ritmo convergente. En definitiva, este libro es la música de todo eso que hacemos cuando hacemos cosas, y es con toda esa materia que la autora pudo armar una música tonal de voces que, por propias y personales, suenan reales. Si hay algo placentero, cuando escuchamos una canción, o cuando leemos un poema, es ser tomados por esa realidad que proponen esos artefactos. Quizá sea por eso que los textos de este libro suenan bien: no hay estridencias, no hay una sonoridad impostada. El ritmo que imprimen los poemas acompaña ese aire coloquial, distendido. Como en Regalos:

Mi vieja me dijo
te traje regalos
y sacó de una bolsa
hecha un bollo
parches para la bici
y una luz de emergencia.
Ya sé
que no tenés bici
me dijo
pero por las dudas.

La voz emerge clara porque el acompañamiento no está por encima, no interfiere. Y estas voces, femeninas o masculinas, son simples, claras, de una belleza sencilla. No hay tonos altos, ni falsetes, ni esas cosas que, a veces, suelen embarrar la cancha. Que un poema suene bien no es poca cosa. Y que unos cuantos lo hagan y convivan en una armonía recíproca, como en Canción de aire, es de una felicidad enorme para cualquiera. Mucho más para los que hacemos silencio cuando la ciudad murmura sus últimos cantos.

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