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Cruzar la raya

Cuentos que desde un ambiente muy porteño y masculino, nos llevan del policial más negro, hasta las historias de desencuentro amoroso más crueles. Con una mirada aguda, sarcástica y a la vez piadosa con sus personajes, sin caer nunca en la condescendencia con ellos y sus destinos, Rebasa lleva adelante con mano firme un viaje narrativo que en su permanente tensión no nos soltará hasta el final del libro.

Autor: Marcos Rebasa

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Descripción del producto

Marcos Rebasa nació en Buenos Aires en 1968. Es arquitecto. Su cuento Amigos íntimos obtuvo el primer premio (compartido) del Concurso Yo te cuento Buenos Aires V (2014). Cruzar la raya es su primer libro.

Reseña

Puteo de Lector – por Luis Mey
Uno de los mejores momentos de la literatura, del lector y del mercado editorial y por qué no del día, que puede ser hoy o todos, es cuando un sujeto, llamémosle Luis, pero solo para el caso, deja el texto que lee, se va a hacer unos mates y mira la llama que sale por los bordes de la pava y resume, así, lo que acaba de leer:
Qué hijo de puta.
El puteo de lector arruina, con sanidad, todos los intentos magros de la crítica por ensalzar un texto citando a Barthes (arruinado también un poco desde que Francia tiene un arquero homónimo campeón del mundo) o, más triste aún, al ciego de Funes el memorioso. El puteo calienta la pava, infla la burbuja accionaria de editoriales como Modesto Rimba, achata el culo del lector en busca de más textos como esos y desperdicia la gratuidad de las plazas, por el rato en que sigan siendo gratuitas.
Qué hijo de puta.
Porque cuando uno dice Tradición, bueno, un poco también se le achata el culo, un poco que se le arriman los culos achatados y los mercados muertos y los acáridos de los libros usados. Porque uno dice Tradición y piensa en cosas que ya no son, fotos en blanco y negro, en las fan de Cortázar con poncho y mate, en las teteras en mesas del club de las Ocampo. Hasta que un cruzado de la tradición, claro, te da a Marco Denevi en edición del año del pedo y uno ni mate toma con el texto en la mano porque ya piensa en acidez y baño: pero entonces la sinonimia y los valores oro toman la nuca de aquel que abre en la página uno (si hablamos de libro, página cinco, más o menos, porque la uno es la tapa, creo) y todo cambia.
Y entonces esa Tradición se pone la camiseta limpia y renovada de Marcos Rebasa. Pero por un rato. Porque Rebasa suena, por un rato, a Denevi. Y después ajusta sus dedos al cuello y te dice que recuerdes las viejas y siempre vivas y violentas pulp. Y después, cansado, ya con el culo no tan chato de tanto hacer fuerza para ver por dónde se lo putea a este tal Rebasa, le querés meter el antibiótico de pensar que puede ser un poco Pablo Ramos, pero quién carajo es Pablo Ramos si ahora que leés esto de Fede y el Skype cada diálogo es de Fede y nada más que de Fede que no sabe quién carajo es Pablo Ramos ni Rulfo ni Denevi ni Soriano.
Menos importa quién es quién en la literatura, el arte, la tele, tampoco. Ni siquiera cuál es la arquitectura de gobierno en la pizzería de la esquina. Nada y menos que nada importa cuando ya pasás a Las palabra y ahí ya decís qué mierda este Rebasa, esquizofrénico, oligofrénico. Todas las voces todas, como la canción, suenan en su cabeza.
Hijo de puta.
Y la literatura, esa piba que creemos que es la reina de la fiesta, la Prom Queen, de repente, por fin, es una piba piba piba que entra al antro (así habla también Rebasa, o su narrador oligofrénico: entra al antro) y se sienta todo gordo y barbudo con la remera de Hermética y le invita una birra y la literatura acepta y lo escucha y se ríe con él. Porque entiende eso este tipo: que la literatura no está vestida de reina de nada. La literatura se toma una birra y escucha. Y él escucha. Sabe bailar la cosa. Y por eso se entienden. Hasta quedar hombro con hombro, parietal con parietal, ebrios: todos rotos.
Y uno pasa, yo, por ejemplo, todo sencillito, y lo veo así, y pienso, como con sus textos, en las puteadas con carga de aplauso. Puteadas con aires de halago:
Qué hijo de puta.

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