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el breve sismo

Poemas donde se conjuga la ferocidad volcánica del deseo con la naturaleza sutil del mundo vegetal y las emociones. Con una originalísima retórica, Águeda Pereyra desnuda los rincones del alma humana y los observa con curiosidad de entomóloga. Para lectores que requieran emociones fuertes.

Autor: Águeda Pereyra

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Descripción del producto

Águeda Pereyra nació en Gral. Madariaga. Es Lic. En Psicología y ejerce el psicoanálisis en el Hospital J. T. Borda, y en otros bordes. Enseña, estudia. Y escribe. Participa desde el año 2014 del taller de escritura a cargo de Romina Freschi. Éste es su primer poemario.

Reseña

Otra tierra, otra nitidez – Por Romina Freschi

Bordes, orillas, márgenes y límites abundan, como cicatrices, en esta escritura de verso breve, aunque, como bien dice el título del libro, sísmico. En esas líneas, que son como surcos de una piel, o de un planeta, hay un verso que se repite, una sola vez, pero suficientemente: “Yo soy otra” repite, y resuena la proposición rimbaudiana (“yo es otro”), pero sin objetivación. Esta sujeta se asume en un “soy” que no la sujeta a nada más que al movimiento.

Y es que este verso corto nos va adentrando en un mundo nuevo – como toda poesía que se precie – y cada “soy” no es una esencia sino un registro del devenir. Devenir de la percepción y percepción del devenir. En esos trayectos los bordes, orillas, márgenes y límites son apenas las suturas de una experiencia que es atmósfera y que, a su vez, atraviesa atmósferas.

Allí el planeta y los planetas: la densidad, lo acuoso, lo húmedo, lo helado, lo iluminado, lo incendiado, el océano, el caldo. Recorremos mundos como si acompañáramos a una astronauta en un viaje de pionera, en el que relucen mil facetas de un mismo suelo: el cosmos, el planeta, el cuerpo.

Ese atravesar el espacio es también un atravesamiento del tiempo: la memoria es también el viaje que propone el espacio: el cuerpo viaja en esos dos sentidos, tiempo y espacio, a través de un instrumento mágico: la voz. La propia, pues la soledad es constitutiva del devenir, pero también las otras voces (los besos: las boses – los vesos – los voses).

Las palabras y los silencios son entonces también cicatrices que acompañan los cambios climáticos, desatan estados, “climas y oleajes”, vibraciones y rayos, dibujan la textura barroca de un modo de mirar y ver, que termina siento una forma de actuar: nadar, gozar, palpitar, bramar, derrumbar, brotar: otra nitidez, que no es otra que la nitidez, particular y a la vez universal, de la poesía.

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