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Novela experimental, prosa poética que lleva al lector a un universo extrañado, donde los protagonistas podríamos ser cualquiera de nosotros, y a la vez ninguno. Entre las paradojas de la vida, las contradicciones de los sentimientos, los recuerdos deformados por un espejo de feria y las ideas más estrafalarias tratadas con la lógica de un científico, este libro nos invita a adentrarnos en “terra incógnita”.

Autor: Tamara Grosso

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Descripción del producto

Tamara Grosso nació en Buenos Aires en 1991. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA. Colaboró para distintos blogs y revistas digitales. Publicó el libro de relatos Entre el blanco y el negro (Ediciones de la grieta, 2015) y el poemario Márgenes (Objeto Editorial, 2016).

Reseña

Guatepeor o “…Bajar del subte/y aparecer en Estambul”

Por Mónica Rosenmblum
Estos versos de Susana Villalba -Bajar del subte/y aparecer en Estambul- describen, precisos, la sensación que acompaña a la lectura de Guatepeor. Es que nada de lo que sucede aquí es del orden de lo lineal ni de lo predecible. La imposibilidad de saber cuál será la siguiente estación, y, al mismo tiempo, el hecho de que vayamos sabiendo que no será la que imaginamos, es una de sus mayores virtudes.

Esta novela corta de Tamara Grosso está escrita en una prosa poética tan coloquial como contundente. Una y otra vez, la autora toma lo cotidiano y lo desnaturaliza. Lo extra-ordinario como una variable fija. Es así como, en un discurrir ensayístico, poético, reflexivo, vamos comprendiendo que no será buscando definiciones como podremos abordar este libro: […]De todas formas, Guatepeor no es para nada un equilibrio. Más bien, Guatepeor es constantemente muy real y constantemente irreal. Eso la hace soportable, eso la hace agotadora[…] ¿Qué/quién es agotadora, ni muy irreal ni muy real? ¿La novela o el personaje homónimo? ¿Quizás ambos? ¿Son lo mismo? Esta ambigüedad es solo una pequeña muestra de los innumerables interrogantes que se descascaran a medida que avanzamos en los párrafos. Porque el texto está compuesto por párrafos –en general y salvo excepciones, de pocas líneas- separados entre sí por un pequeño rombo. Grageas, pastillas de pensamientos y narraciones; piezas de un rompecabezas que van encastrándose para componer una Gestalt; seguramente una entre varias posibles. Sería inútil, entonces, buscar aquí un equilibrio, o alguna síntesis de binomios o antinomios: no encontraremos nada de eso.

¿Qué encontraremos? En un principio, tres personajes principales: Guatepeor, Guatemala y el yo poético, también femenino. Es en el contrapunto entre estos tres que transcurre la novela: […]a Guatepeor y a mí nos condena la obligación hipócrita de no hacer nada a lo que no pueda ponérsele nombre… A Guatepeor no le sale. A Guatemala le sale perfecto. A mí me saldría, pero si tuvieran nombre las cosas ya no irían a interesarme[…].

En este por momentos desesperante, por otros hilarante universo que nos propone Grosso, el personaje Guatepeor puede de pronto encontrarse en el bolsillo de la voz femenina que narra en primera persona, y, también, puede funcionar como un país del que no se distingue salir y entrar, en Guatepeor no hay fronteras[…]. La contracara, aunque no siempre simétrica de este personaje es Guatemala: […]lo que había antes de Guatepeor. Guatemala es idílica, impoluta; algo así como la […]dependencia a drogas blandísimas como el Ibuprofeno[…]. Es predecible, y también bastante muda: no tiene mucho para contar o no tiene necesidad de hacerlo. Y, sobre todo, sabe criar y crear cosas. Sabe, además, en caso de ser necesario, enterrar aquello que finalizó como debe ser. En cambio Guatepeor es impredecible, y es, también, un lugar del que nos pueden expulsar. Además, hay otro personaje: “la Santa Cosa”. Es quien le puso nombre a casi todo; y si bien tiene pocas apariciones, nos queda claro que en este brillante universo en permanente movimiento que Grosso nos propone, también hay teorías acerca del origen de todo.

En un momento determinado, el yo cuenta acerca de uno de los juegos que compartía con Guatepeor: se contagiaban bostezos por telepatía. Inesperadamente, nos plantea un desafío: […]Puedo jugar a ese juego con vos. Ya te estoy contagiando[…]. Y es así, como, con admirables destreza y desparpajo, la autora estira su mano a través de las múltiples dimensiones y toca al lector; nos toca; nos encuentra chequeando si estamos o no bostezando, literalmente nos lo pregunta, y nos compele a participar de esta performance junto con ella para mostrarnos que: […]“bostezo” es el lenguaje más performativo[…]; y para demostrarnos: […]tu cansancio y el mío son el mismo, todo esto es un sólo bostezo compartido[…].

Y si bien “todo esto” sucede aproximadamente en la mitad del libro, podemos ver esta frase como una conclusión y una postura: tu cansancio y el mío son el mismo; ya hemos quedado unidos bajo el transparente techo común que Grosso se encarga tan hábilmente de tejer con palabras y tiempos otros, diferentes de los conocidos, como cuando revela: […]Tuve con Guatepeor algunas conversaciones tres años antes de haberlas imaginado. Una Laguna después de haberlas imaginado […]

Y una vez que lleguemos al final, necesitaremos sí o sí releer este bello libro, para constatar si es que al salir del subte volveremos a bajar en Estambul, y/o si en esta segunda lectura –y en sucesivas también- “Estambul” significará lo mismo que en la primera, intuyendo que, probablemente no, y que, probablemente, cada vez tenga otro significado; dependiendo de un montón de variables que no sabremos, por suerte, enumerar.

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