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Haceme lo que quieras

Con el vértigo de un bólido a punto de girar en una curva mortal junto a la serenidad zen de un monje meditando, los cuentos de Haceme lo que quieras se ubican en ese incómodo lugar en que la tensión está a punto de estallar. Escenas de una vividez casi insoportable, que provocan al lector el estallido de la carcajada o del terror, y momentos a los que se llega deteniéndose en el misterio de la vida. Libro insustituible para lectores que busquen emociones fuertes y sensaciones al límite.

Autor: Flavia Pantanelli

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Descripción del producto

Flavia Pantanelli es fonoaudióloga y cuentista. Vive en Buenos Aires, Argentina. Empezó a escribir en los talleres de la municipalidad de San Isidro en 2011- Se formó con los escritores Bea Lunazzi, Ariel Bermani, Silvia Plager, José María Brindisi, Pedro Mairal y Elsa Drucaroff Jorge Consiglio, entre otros escritores. Realizó la Formación Intensiva en Escritura Narrativa de Casa de Letras, de Buenos Aires. Sus trabajos fueron distinguidos en concursos municipales, Provinciales y Nacionales, como Manuel Mujica Laínez, Fundación Victoria Ocampo, Colegio de Escribanos de Provincia de Buenos Aires, Consejo Federal de Inversiones, Concurso Federal de Relatos y otros. Sus cuentos fueron publicados en revistas literarias y en antologías de nuestro país, de Brasil y de España. Participa de los proyectos solidarios PH15 (Argentina) y 30 sonrisas con historia (España). En 2015 publicó los siguientes libros: Haceme lo que quieras (Ed. Outsider, Buenos Aires, 2015) y Carne Rota (Modesto Rimba, Buenos Aires, 2015, Segundo premio del Concurso de la Fundación Victoria Ocampo). Su libro El extraño lenguaje de las casas (inédito) es finalista de la convocatoria de Editorial Pelos de Punta, Buenos Aires, 2016.

Reseñas

Por Psique Giallo (Noelia Casais)
Fuente: Solo Tempestad
Flavia Pantanelli, madre, esposa, escritora, actriz… Tiene algo que la distingue entre el resto de los cuentistas que he leído últimamente: tiene un narrador-narradora en tercera persona y de tercer género: es hombre y es mujer, es joven y está senil, es testigo y protagonista.
Flavia tiene un narrador-narradora que sabe exactamente lo que siente una teta llena de leche cuando llora un bebé y lo que siente un pene ansioso a punto de ingresar a la mujer anhelada; sabe lo que no piensa una hembra murguera si baila cuando está menstruando y lo que tiene en mente un Voyeur de pelo blanco mientras su mujer acaba con otro.
Pocas limitaciones suelen ser tan penosas como el punto de vista unívoco. Cualquiera que adore contar, sabe que un relato nunca alcanza a ser la historia. Sin embargo, Pantanelli ha encontrado la manera de abordar sus cuentos de tal forma que te hace sentir en el teatro. Estás ahí, SOS parte, SOS un espectador de algo que está pasando en vivo, SOS el receptor de los estímulos visuales, auditivos, olfativos; SOS el centro neurálgico de cada escena que llega en presente y que a la vez se bifurca en once dimensiones trazadas minuciosamente para vos, lector.
Estas virtudes son las que convierten al libro en una clase de obra que resiste cualquier clasificación estandarizada. ¿Género narrativo? Sí y no… los verbos suelen estar en presente y generan un efecto escénico, pero… ¿Cosmovisión fantástica? Sì y no… todos los finales son abiertos y todos los relatos rozan el misticismo, pero… ¿Cuentos eróticos? Sí y no… el sexo está presente y se siente exaltado, pero…
Creo que Flavia Pantanelli ha sido más que clara y en esa divina elocuencia radica la virtud de este libro: “Haceme lo que quieras”, nos dijo. ¿Vas a arrugar?

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Por Lucas Iranzi
Fuente: Revista Colofón

Haceme lo que quieras es un libro de cuentos editado por Outsider y escrito por Flavia Pantanelli, con un estilo minucioso y delicado donde cada pequeño fragmento, cada tarea descripta remite pequeñas emociones. Dentro de una tarde bucólica, el quehacer de una madre se reviste de un laborioso secretismo en Arrollado. La tensión construida desde ese microclima logra involucrar al lector en la urgencia de la protagonista. Se trata de una escena cotidiana, la identificación es inmediata y degenera en una oscuridad revestida de exigencias.
En la tragedia griega de Eurípides, la hechicera Medea asesina a sus propios hijos por despecho para con su esposo, Jasón. La adaptación que hizo Pier Paolo Passolini sobre esta obra marcaba la dualidad entre el mundo mágico y el mundo racional y el personaje que introduce para vincular estos mundos es el centauro Quirón. Un centauro sabio y amable que se distingue considerando que su raza es una raza caracterizada por su salvajismo según la tradición mitológica. Sobre este último trabaja Pantanelli, llamándolo sencillamente Centauro, protagonista de La tarde del centauro. Las diferencias entre el mundo mágico y el mundo racional se descomponen en una minuciosidad progresiva.
Escrito en segunda persona como estableciendo una distancia ante tanta intimidad desplegada, La madre de Julito, es un cuento sobre la persona con la cuál compartimos una pared y hasta, a veces, una cama. Los otros que rodean a la protagonista y sus distancias relativas. A las dificultades usuales que cualquier vida en familia conlleva se suma una sombra. Una ausencia cuya presencia es oblicua y se va filtrando en el presente. Recuerdos, ausencias que se multiplican más allá de los motivos y en ese terreno que se va volviendo árido, quedan esas otras vidas, al costado, con su narrativa propia.
La nostalgia es una construcción de ineludibles tintes melancólicos pareciera concluir Ahora que casi no pueden moverse. Una metáfora sobre los sedimentos que se van depositando en una relación, afectando su fluidez a lo largo de toda una vida. En cambio Propiedad transitiva se ubica en la frustración cotidiana e inmediata. Cualquier entorno laboral se puede volver claustrofóbico. Las tormentas mentales tienen límites claros y el correr de los años derruye toda máscara. Los espacios íntimos que se venían manejando en el libro se encuentran con cierta brutalidad callejera.
Entre el festivo y el crudo bochinche, Lucifer es narrado en primera persona. Una primera persona refinada, conservadora y de costumbres establecidas nos describe la aproximación hacia ese otro mundo, más primitivo e inmediato.

“Ahora los veía avanzar por el centro de la calle, por las veredas, entre las camionetas estacionadas. Una comparsa afro de gente descalza, fea y genuina allí, en medio del centro viejo de Pinamar. Venía bajando por Libertador, pero al pie de nuestro café de siempre con sus mesas casi en la calle, se paró. Los tambores se colocaron silenciosos, en círculo. Las banderas decían algo que no pude descifrar. Al viento, los colores eran como líquidos chorreantes. Como líquidos densos, amarillos, rojos y negros revueltos, mezclados por el viento. Osvaldo miró hacia la calle, tratando de entender qué era todo ese ruido, toda esa gente ahí parada”.
(Pasaje de Haceme lo que quieras de Flavia Pantanelli. Ediciones Modesto Rimba).

Luego de la atmósfera cargada de sudor, sexo y realidades biológicas de Lucifer, FP nos da un descanso mínimo con Nos taladran a preguntas. Cuento que torna la obsesión en una deliciosa y plácida reminiscencia. Los detalles, parte del estilo de FP, en Andrade, se vuelven un caleidoscopio lisérgico y las emociones se ligan a un recuerdo traumático. Ya en Butterfly se explora definitivamente lo alucinatorio como una fuente de imágenes hacia las cuáles escapar cuando una dolorosa realidad se vuelve insoportable.
En Haceme lo que quieras, cuento que le da el título al libro, las oraciones se rompen. Aparece en primer plano la sugestión gramatical y sensual y lo animal proviene del mundo desconocido de los otros. La interacción para el protagonista es incómoda, de un salvajismo preciso que viene del otro lado a llevárselo puesto. Lo salvaje siempre tiene una lucidez sexual, una correcta percepción de lo tácito en cada movimiento. El protagonista asume su incompetencia ante esta lucidez. Una intuición animal combinada con una percepción detallista. La primera desvirtúa, la segunda incomoda, entre ambas, una sucinta perversión.
Mediante la deconstrucción progresiva en detalles, FP demuestra las vulnerabilidades de sus personajes y así nos quedamos, como quién se queda con el árbol y pierde de vista el bosque, mientras ella cambia el bosque. Los personajes son vehículos de sensaciones y el indagar en lo perceptivo permite que los mundos se mezclen. Por un lado lo onírico, por el otro lo diáfano, entre ellos la sensualidad como un terreno indefinido, con clima propio. Voluntades y personalidades ceden, más allá del sexo y el tiempo, a la vida la sobrevive un susurro de agresiva sumisión: “Haceme lo que quieras”.

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