tapa julian lucero

La nena que eructaba melodías gonzo

Cuentos clásicos y fantásticos atravesados por la tradición de Poe, Horacio Quiroga, Stephen King componen esta obra. El Pulp, lo porno y lo gore se mezclan en un escalofrío permanente, que va desde el cuento de fantasmas hasta el de terror. Los personajes infantiles tienen una cobran una importancia vital en estas narraciones, desatando, con su aparente inocencia, los conflictos más espantosos. Los cuentos del autor develan el lado más siniestro de lo humano, siempre al borde de su propia perdición. Mantiene la tensión durante toda la lectura.

Autor: Julián Lucero

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Descripción del producto

Julián Lucero nació el 8 de mayo de 1982 en Sunchales y  vive actualmente en Rafaela, provincia de Santa Fe. Trabajó en la cátedra de Morfofisiología vegetal y Diversidad de plantas I desde 2006 a 2009. Estudió teatro en la ciudad de Santa Fe, y actualmente es profesor de Química en una escuela técnica de Sunchales. Trabajos suyos han integrado diversas antologías de cuentos. Consume todo tipo de materiales de clase B: su musa de inspiración.

Reseña

Por Mariano Pérez Gallardo

Hay algo como de magia de entrecasa en estos cuentos de Lucero, de mito urbano, de historia de pueblo. Pero reinterpretados, deformados; con una ternura grotesca y un monstruo siempre a flor de piel en cada página. El autor conoce muy bien los mecanismos del cuento. Los personajes, en uno o dos párrafos, logran tener una vida y una historia pasada que llegamos a comprender casi totalmente. Pequeños detalles, gestos sutiles, los podrían hacer pasar por vecinos de nuestro barrio, por un primo o una tía solterona. Pero lo maravilloso son las cosas que les hace hacer: invocar espíritus, comerse personas y profesoras malhumoradas, transformarse en gato, vomitar las verdades que todo el pueblo oculta cantando óperas en una parrilla.

Daría la impresión que todos los personajes del libro viven en un solo pueblo o kermesse bizarra donde todo puede ocurrir, y las ganas de estar ahí se mantienen en todos y cada uno de los cuentos que integran esta galería de rarezas.

Pero lo alucinante es que no invoca estos personajes para hacerlos hacer las cosas corrientes, si no para una especie de venganza por la fantasía. Y así la vieja turra que enseñaba piano a los chicos (y que bien pudiera ser el equivalente a un preceptora del secundario o una profesora de matemáticas) muere comida por un tiburón que sale de la tapa de su piano. O el borracho el pueblo que también tiene una muerte promiscua.
Pero más lindo resulta aún cuando esa venganza sale truncada, cuando la fantasía que inevitablemente aflora en cada cuento, se vuelve en contra de sus personajes. Porque hay algo como de magia de entrecasa en estos cuentos, de mito urbano, de historia para asustar a los nenes del pueblo. Pero reinterpretados, deformados.
Estos cuentos de Lucero tienen una ternura grotesca y un monstruo siempre a flor de piel en cada página.

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