Nadie es tan fuerte, de Pablo Colacrai

Nadie es tan fuerte

El hueco, la falta, la ausencia, la resignación, la melancolía, la desazón, el desencuentro, son los territorios en los que se mueven los personajes de este libro. Sin embargo, Colacrai construye un lenguaje donde el contrapunto amor/desamor tiene un perfecto equilibrio.

No son perdedores, simplemente son personajes que han vivido y el perfume del amor vivido persiste en el ambiente de cada historia. Con
Nadie es tan fuerte, Pablo Colacrai nos recuerda que cualquier historia, por pequeña que sea, puede ser una gran historia, si está bien contada.

Sandra Siemens

 

Autor: Pablo Colacrai 

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Descripción del producto

Pablo Colacrai nació en 1977 en Noetinger, Pcia. de Córdoba, pero creció y vive en Rosario. Es licenciado en Comunicación Social y coordina talleres de escritura creativa. Entre otras distinciones, recibió en 2006 el primer premio en el Concurso De las sombras a la luz, organizado por la Municipalidad de Rosario y, en 2009, obtuvo el primer premio en el concurso convocado por la revista Una Mano. Además, algunos de sus cuentos se publicaron en antologías y medios locales y nacionales. En el 2012 publicó el libro de cuentos La noche en plena tarde (Río Ancho Ediciones).

Reseña

Por Sandra Siemens
Wheelwright, diciembre de 2016

 

Conocí a Pablo Colacrai en el Taller de Alma Maritano, en Rosario. Durante algunos años compartimos las mismas clases. Y en los años en los que no coincidimos, fuimos sabiendo uno del otro, a través de Alma. Así me fui enterando del decidido crecimiento del narrador que habita en Pablo. Estos cuentos que despuntaron en aquel vivificante espacio del Taller, maduran ahora en este libro, agudos, lúcidos, bellos.
“Anidar como hacen los pájaros”, dice el protagonista de Anidar. Y piensa que el anidar de los pájaros es más fácil. Los pájaros llevan ramas y plumitas al nido nuevo. Él no lo dice, pero sabe que tiene que llevar mucho más que eso. Que su nido es mucho más complejo.
En Los incomprendidos, dos amigos deciden ir la milonga. “Vinimos a esta milonga porque hoy salimos tarde y era lo único que todavía estaba abierto. Habíamos decidido tomar cerveza y, en lo posible, emborracharnos”, dice uno de los personajes. La historia discurre en esa charla. En el perfecto balance entre lo que se dice y lo que se calla. Una historia donde las miradas dicen más que las palabras. Más que eso: el peso de la historia se sostiene por completo en el juego de la mirada. Un juego que el autor, irónicamente, abre desde el título mismo. Los incomprendidos comprenden todo.
“A veces nos asusta un poco la distancia que hay entre su pasado y el mío”, reflexiona el personaje de La vuelta manzana. Un hombre que a través del diálogo repetido y obsesivo con su hermana va construyendo un preciso momento de su infancia. Detalle a detalle, año tras año, ha inventado sutilmente el pasado que necesita para liberarse del dolor y de la culpa por haber aceptado el regalo de su padre: una bicicleta que tiene el peso del soborno y la medida exacta de su deseo.
La reina de España comienza con un acápite de Federico García Lorca: “¿Tenéis un río? ¿Por qué lo habéis encerrado?”. Entre el título y el acápite se desliza la metáfora que subyace en esta historia. Una historia donde hay una reina que no es la de España, a orillas de un río encrespado en un día ventoso. ¿Se puede encerrar el agua del río? Parecería que esta reina sí ha podido hacerlo. Encerrar el agua redonda de vida. Pero además esta reina, que no es la de España, le ha ido a mostrar al protagonista que ese río de vida, es un río ajeno. Nada es casual en esta historia que parece casual. Nada es casual en ninguna de las once historias que componen este libro. Pablo Colacrai elige los escenarios precisos. Elige un discurso calmo, simple, coloquial. Un discurso sin estridencias ni artificios, sin falsas pretensiones poéticas ni golpes bajos. Un discurso donde a esa palabra simple y coloquial —que seguramente logró ser despejada después de intenso trabajo de lenguaje— no le queda más que mostrar el hueco de lo que queda.
El hueco, la falta, la ausencia, la resignación, la melancolía, la desazón, el desencuentro, el desamor son los territorios en los que se mueven los personajes de este libro. Sin embargo, Pablo construye un lenguaje donde el contrapunto amor/desamor tiene un perfecto equilibrio. No son perdedores, simplemente son personajes que han vivido y el perfume del amor vivido persiste en el ambiente de cada historia. ¿Qué hombre es lo bastante fuerte como para rechazar la posibilidad de la esperanza?
Historias triviales que pueden formar parte de la vida de cualquiera de nosotros: la espera de un regalo, la llegada de un hijo, un reencuentro en un recital de rock, una cerveza con un amigo. El detalle está en la manera en que estas historias están contadas. Cada cuento tiene una cuidadísima estructura en la que nada falta y nada sobra. La voz de los distintos narradores nos van llevando pacientemente a los lugares que ellos quieren. Como en el cuento final, El mejor regalo del mundo, donde el más que interesante narrador que construyó Pablo incorpora a la voz del protagonista, la voz de su ex esposa. Una voz anticipatoria, instalada en el futuro. Una voz futura en el presente del narrador. Pero a la vez, la posibilidad de esa anticipación radica en el pasado, en lo sabido, en lo vivido. Sin darnos cuenta, ese increíble narrador nos permite ver en un mismo plano, como una revelación, pasado, presente y futuro.
En Todas las noches son pardas una madre soltera, mientras vela el sueño de su pequeña hija, busca el gato que se ha perdido. Es una anécdota mínima: un gato perdido. Pero a medida que avanza la noche, crece la desesperación de esta madre. Piensa en lo que va a enfrentar al día siguiente cuando tenga que explicarle a su hijita que el gato no está. En el punto culminante de esa búsqueda que se ha vuelto desesperada, cuando ella se da cuenta de que el gato ya no va a aparecer, el narrador dice: “Sabe que se va a morir ahí mismo de culpa y de vergüenza y de dolor”. Debajo de esa historia casi insignificante que se despliega ante nuestra mirada, se abre otra. Una ventana a la perplejidad, a la duda, a la vacilación. Otra historia contada desde la palabra no dicha, desde lo que se calla y que nos revela la verdadera dimensión de la angustia.
Con Nadie es tan fuerte Pablo Colacrai nos recuerda una vez más eso que escritores y lectores sabemos desde siempre. Cualquier historia, por pequeña que sea, puede ser una gran historia, si está bien contada.

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