Necias y nercias - Ana Ojeda - Modesto Rimba

Necias y nercias

La escritora Ana Ojeda aprieta el lápiz para romper con todo. Y todo es el lenguaje, su territorio. Este libro de relatos publicado por Modesto Rimba, exhibe una intensa trama de miradas, perspectivas, y sentidos. Finalista del Premio Indio Rico de cuento breve, la obra de Ana Ojeda sale a la luz como una verdadera novedad dentro del género narrativo.

Autor: Ana Ojeda

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Descripción del producto

Ana Ojeda nació en Boedo, Buenos Aires, en 1979, y es escritora de escribir en rioplatense. Tiene publicadas tres novelas: “Modos de asedio” (2007), “Falso contacto” (2012) y “No es lo que pensás. Sobre la imposibilidad de viajar” (2015), un libro de cuentos (“La invención de lo cotidiano”, 2013), “Motivos particulares” (2013) y “Gorgoritos” (2016), poemas en prosa. Participó en las antologías “LibroVivo” (2012), “Antología Outsider 3: Cuento raro” (2012), “Paganos” (2014), “La frontera durante (2014), “La mano que mece” (2015) y “Taco aguja” (2016). Tradujo varios libros, entre ellos “Una tempestad”, de Aimé Césaire. Desde 2014 coordina “De lectorxs en La Tribu”, columna radial dedicada a la literatura rioplatense, en el marco de “Patologías Culturales” por FM La Tribu (FM 88.7 – www.fmlatribu.com), los segundos sábados de cada mes.

Reseña

La lengua que habitamos
Por Bea Lunazzi
Desde el título, Necias y nercias nos propone un modo de leer desprejuiciado en el que los corrimientos respecto a la convención provocan por un lado el placer lúdico de la experimentación y por otro, la apertura de capas de sentidos. Ana Ojeda opera en la forma, la materia primera de todo texto. El trabajo con la lengua, los registros dialectales, el habla urbana se suman al particular modo de contar. Sus relatos comienzan sin preámbulos, con acciones que presuponen un antes, un hipotético fuera de texto en el que se ha iniciado la anécdota que se presenta trivial para ir travistiendo todo hacia lo grotesco, el humor o el patetismo.

Tampoco sus finales son los clásicos del cuento. Lo que se muestra hurga en lo cotidiano y lo vuelve motivo propicio para transitar con su lupa deformante que posa con precisión de cirujana sobre el lenguaje. Todas las intervenciones en el discurso se resuelven como pasos de baile; la rigurosidad formal se enmascara hasta hacerse casi imperceptible, de agradable deglución. Como el perro de “Perseverar” con el que inicia el libro, Ana “territorializa” la lengua, la marca y la hace suya. La divergencia se convierte en expresión, en voz propia, en espectáculo.

Los cuentos de esta antología versionan la conversación de los argentinos, más específicamente las voces de la ciudad. Conviven distintos registros y tonos, poniendo en el mismo plano las variantes o modalidades de los diversos grupos sociales, desbaratando cualquier jerarquía.

Estos recursos que la autora adopta-adapta con naturalidad dotan el texto de una rara graciosidad, muy cercana por momentos a la caricatura. Recrea activamente la oralidad, echa a andar fenómenos lingüísticos insólitos, altera la morfología, rejuvenece modismos, vuelve cómicos algunos clisés, parodia, desplaza, cae en pleonasmos, hipérboles, equívocos; estira como elástico la lengua: estrategias de carnaval.

Sin recetas ni docilidad se instala en la “cocina” de su oficio (tal vez como su citada Marguerite Duras) y manipula ingredientes. Bien sabe que el problema verbal es el problema literario y que la norma mata los hechos estéticos.

Como sus personajes, intenta quebrar la monotonía, tomar un poco de aire fresco, sin congelarse -como la chica de la bici en “Cambio de piel”-, sino creando una atmósfera de familiaridad, de empatía.

Los lectores sentimos que ellos nos hablan de muy cerca, somos sus cómplices porque los sentimos vivos. Entramos por un rato a sus casas. Somos la lengua en la que habitan.

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