Transgresiones queer en tierra Rebasa - Primera parte

Transgresiones queer en tierra Rebasa

por María Cecilia Moncalvo 

como la verdadera naturaleza se ha perdido,

hay que inventar una sobrenaturaleza”.

José Lezama Lima

 

El merodeo gira alrededor de algo, similar a la fuerza del deseo en el campo del erotismo cuando avanza dispuesta a transgredir interdictos, prohibiciones: la tensión sube a un mar de sospechas hasta que el acontecimiento irrumpe en ese territorio cargado de posibilidades para develar pistas. En tierra Rebasa, el sujeto está en constante movimiento, orientado alrededor de “eso” que busca y elude: algo, una compañera o un socius[i]. Encuentra datos y signos, pero elude explicaciones o razones por las que inicia un recorrido, cuyo desenlace empieza con la transgresión de una realidad o un límite. De un modo u otro, se fuga: de decir, aclarar, concluir. Estos deslizamientos empujan tensiones que provocan desenlaces inesperados (de modo y de tiempo). Ínfimos e irreversibles. La línea de corte es un punto final. Esto hace pensar que las historias entretejen motivos que impulsan a los protagonistas a desajustarse de algo, como si en ese re-des-encadenamiento se organizaran las posibilidades para reinventarse otra piel.

 

En los 12 cuentos que componen el libro “Cruzar la raya” de Marcos Rebasa, los tipos que protagonizan las historias giran y sobreviven y conviven en 164 páginas con los restos de un naufragio, en un tiempo presente enrarecido: en Amigos íntimos, Roberto empuja a Mario cuando lo iba a abrazar y le muestra una pistola, en Restó el protagonista no sabe en qué consiste el plato que pidió porque lleva un nombre que ignora; en Skype, Federico no sabe porqué Cecilia se quiso divorciar. En esas orillas, los datos históricos entran a la realidad desde la memoria de un narrador del lugar (que alguna vez fue parte central del plan) y ahora está astillado. Una especie de naturalización de la separación: “hay un dato de la historia que me hace pensar en la memoria de las mujeres”, dice el testigo de la vida de Taboada; Sebas “termina yendo solo” a una fiesta; “me desperté y me di cuenta de que fue todo un sueño”, aclara alguien asesinado pero no (o sí). Entre formas clásicas del extrañamiento, el cuerpo del delito –que había comenzado su derrotero desde Cambaceres[ii]–, encuentra en las transgresiones de estos tipos comunes (Mario, Roberto, Ledesema, el del 8C, el de Amnesia, Álvarez), múltiples irradiaciones al modo de ser y de estar en ese mundo normado. Son transgresiones que parecen buscar una reinvención de la naturaleza del género, friccionando en los renglones de lo bonaerense para ir borroneándose desde el primer cuento hacia el último, e irradiar, así, hacia otras direcciones, a un espacio deslegalizado sin fronteras. Un cielo queer[iii].

 

La idea de que las páginas son morada de las palabras, y la palabra, morada del lenguaje, me lleva a pensar que en este libro, esa interacción de crear y alojar es intensa. Las páginas acobijan a los relatos con la misma fuerza con que los blanco de página entre una historia y otra, acobijan silencios del tiempo. Intersticios, pasajes. Un lugar intermedio que habilita escenas del policial negro al realismo cotidiano, fusionando (y emplazando) unas a otras con una idea cinematográfica de cortes temáticos, que - a medida que progresan- van diseminando palabras y sentidos, para reconstruir una mirada por donde entrar y salir, girar, rodear, maximizar o minimizar elementos de una escenografía actual. Como si las tramas y los crímenes estuvieran en la áspera frontera de una zona liberada, cuyo único propósito es mostrar “eso”, “lo real”. Y es ahí donde se inscriben las escrituras del presente, definidas por Josefina Ludmer dentro de las literaturas pos-autónomas como aquellas que terminan con las formas tradicionales de realidad y ficción, para oscilar en sus fronteras[iv].  Ahí, en lo real y en la oscilación, el movimiento produce una tensión que va escalando con lo que aparece y con lo que está oculto, hasta irrumpir y mostrar un límite. Límite que es zona de transgresión, ya sea como obstáculo a atravesar o lugar donde resistir: como un no-lugar o como una no-posición. Cuando sucede la fuerza de ese “ahí”, cualquier cosa puede suceder. Por lo tanto, iniciar la lectura de estos cuentos implica atreverse a pasar el umbral de una potencia (sobrenatural, diría Lezama), aparentemente en fuga pero dispuesta a transgredirlo todo. Son pos-autónomos. Policiales queer.

 

Pos-pop: decir la lengua en tiempos del después

 

Cruzar la raya” es el primer libro del arquitecto argentino Marcos Rebasa, publicado en 2016 por la Editorial Modesto Rimba; son cuentos compuestos en clave de realismo argento con trazos de policial negro y crónicas oscuras, íntimas y cotidianas, cuyas acciones se desarrollan en los 55 años después del Golpe del 55, entre Buenos Aires y Córdoba (Los Viajecitos); en un contexto donde los vaivenes económicos y el exilio histórico regresan al tiempo del relato como una retombeé.  Son historias de un devenir[v]. El entretiempo que aparece en  “tierra Rebasa”, con revelaciones mínimas, detalles fugaces y fronteras multiformes, desnudan formas en que los protagonistas sobreviven para reinventarse. Una oscilación del decir derramándose, como por la lengua del asfalto, entre basurales y restos de un no-buen vivir.

 

Los usos del idioma, que alguna vez estuvieron calzados con el deber de construir una causa en común mediante el “buen decir” -capaz de unificar palabras en inmigrantes[vi] y lugareños-, pasan a mostrar modos cotidianos y heterogéneos del habla. Los usos del lenguaje en los cuentos parecen querer representar una expresión desajustada, desfamiliarizada de las viejas normas. Con esos modos del decir bonaerense, Rebasa hace inventario (“inventária”) de legalidades e ilegalidades donde las palabras están des-auratizadas de la convención impuesta en las reglas de la RAE[vii]. Posibilidad que pone en cuestionamiento discursos y saberes hegemónicos, interpelando al socius a través de otra masa hablante en pleno movimiento; y que en este caso sería la potencia socia de sus susurradores, una lengua “rea”. O sea, lo lingüístico como posibilidad social frente al señuelo de la modernidad.  Esto sucede en un momento donde aquello que había sido del pueblo en el peronismo y popular en el kirchnerismo, ahora (2016) queda refractado por la opereta de un “pos-pop” neoliberal, que pasa de largo la historia como si no hubiera habido antes ni derechos ni sujetos.

En los cuentos, la década de los noventa forma parte del contexto histórico al que, de una u otra manera, se refieren sus protagonistas cuando el relato pasa revista de un tiempo que fue y donde la “mala suerte” (Amigos íntimos) y las “malas elecciones” (Caro el café) componen una escenografía en estado regresivo. En ese período, Enrique Dussel publica el libro “1492, el encubrimiento del otro: hacia el origen del mito de la modernidad” (1994) para señalar “el origen de un “mito” de violencia sacrificial muy particular, y, al mismo tiempo, un proceso de “en-cubrimiento” de lo no-europeo”. Ese mito impuesto desde el eurocentrismo configura una fábula lingüística con la que niega las identidades históricas construidas culturalmente. Es a ese paisaje regresivo al que estos cuentos le contraponen la lengua rea, un decir mezclado que devino el lugar en común y que ya no puede afiliarse ni ajustarse al entorno de ese tiempo pos-pop (Las palabra). Entonces, lo cotidiano y los sentidos de representación aparecen en un estado sin lengua y de pérdida de patria, como el migrante capturado en un “adentro-afuera” que también se va desdibujando o borroneando en una imaginación pública sin salida, que produce y circula, y es al mismo tiempo público y privado[viii] . En “Blindados”, por ejemplo, dos conductores de un camión de caudales enfrentan una decisión sin salida que pone en juego los valores de cambios y también una lógica liminar ante lo que es propio y lo que es apropiado. 

 

Las cosas del querer. Cruzar la raya atraviesa palabras y cosas que, en las oscilaciones entre el “buen decir- mal decir”, ponen en vilo al lector respecto del rumbo que van a adoptando las historias a través del lenguaje. Una suerte de enrarecimiento en los switchers de los registros verbales, que merodean y construyen la fuerza re-creadora de una tensión paralela a la historia. Estos usos pueden ser leídos como deslizamientos de “la otra voz”, o una voz fantasma; la socia, la querida; una lengua rea con la que va construyendo una polifonía de decir el presente para “reformula(r) la categoría de realidad”. Son usos que viajan de la periferia al centro entretejiendo potencialidades de una “realidadficción”[ix]. La lengua rea es también una fuerza descentrada que satisface o contiene aquellas tensiones que el centro del sistema no resiste o no termina de legalizar.

Son las cosas del querer, de las malas palabras y de los juegos de merodear por las zonas oscuras de la patria; modos de mezclar nacionalidades, historias, géneros y discursos, como puertas a un paraíso anárquico (¿un anarparaíso?).  En ese cruce, los títulos de los cuentos son picaportes a transgresiones sistemáticas y a transgresiones del sistema, pues se re-combinan des-articuladamente hasta profanarlo[x] todo: letras (C), números (8), artículos sin correspondencia en número con sustantivos (las palabra), diminutivos (viajecitos), jerga técnica (Skype) , lunfardo (laburito), para montar paisajes heterogéneos del lenguaje como parte de una economía de palabras en las escrituras de lo real.

Al interior de los cuentos, sucede algo similar con las fusiones y los deslizamientos. Va del centro a la periferia con un “buen decir” (Amigos íntimos), hacia un decir de moda (Restó), para entrar a tecnicismos importados (Skype) y a una coloquialidad donde lo escatológico conduce a la memoria de un tiempo de clausuras y exilios (Los viajecitos). En Amigos íntimos, uno de los más cercanos a la tradición del género, el narrador omnisciente ordena tiempo, espacio y relaciones. Ubica el cambio de “la vida gris de Abelardo Ledesma”, oriundo de un barrio no céntrico (Belgrano), al volver a su casa desde la central de trenes (Retiro) y después de pasar por el (supermercado) Coto. El procurador trabaja para estudios jurídicos en la zona de Tribunales y tiene ingresos limitados:

 

            “Hace unos días ocurrió algo que cambió la vida gris de Abelardo Ledesma. Las cosas no le habían salido            muy bien hasta entonces.                 Ledesma es procurador y trabaja para varios estudios jurídicos. Su sustento se juega              y se define entre los bares y los edificios viejos de                 la zona de Tribunales. Cobrar a los bogas ocupa la mitad de su jornada laboral. Sus ingresos apenas alcanzan para pagarle a la      ex cuota alimentaria y darse algún que otro gusto. Va mucho al cine. Disfruta los policiales. Viven en una pensión en la calle                Amenábar. Una tarde de la semana pasada, volviendo de Retiro, caminaba desde la estación Colegiales por Teodoro García rumbo   a Coto” [xi]

 

También ubica las acciones que realiza ese lector de policiales y veedor de cine, y que producen el pasaje en la vida de Ledesma. Ledesma, como las industriales hojas legales u oficio o A4, es un conocedor de tramas y sospechas que estaría siguiendo formas de ficción (espía) para entrar a una realidad entre dos amigos e intervenir, logrando posiblemente el fin de sus pesares. En este cuento - exceptuando la expresión: “mssa-lr-elr-mmmm-¡Mario!-mmm”, de la Norma moribunda, la jerga lunfarda “los bogas” y la frase localista: “el cuento del tío”-, no hay otros usos que salgan del habla oficial. Se vale de algunas formas específicas, como: “interpretaciones falaces” o “CD”, que aluden a un uso técnico –más o menos popularizado-.  Y éste es, junto con Los viajecitos, los dos únicos relatos donde la centralidad del decir logran alcanzar al socius legitimado. En ambos, las referencias al tiempo histórico político están claramente contextualizadas. Posiblemente estas dos patas son las que de-construyen y re-construyen los cuentos sucesivos; y cuya síntesis quizás esté condensada en el último: Álvarez, tengo un laburito para vos.

Hay otros cuentos donde las claridades anteriores resultan más opacas. Por ejemplo, Restó nos introduce desde el título a otra modalidad, abreviada, de moda, propia de un grupo social y económico, donde se desarrollan usos derivados de anglicismos u otras lenguas: hotel boutique, Split, Fritz, Sfritz. La acción transcurre al interior de un “lugar moderno”, un restorán al que va a cenar el protagonista en busca de una “noche distinta”; y mientras bebe y come, inicia, merodea y exhibe con sus devaneos lo que sucede en el lugar. Desentendidos y juegos de relaciones con las mesas de al lado producen un “cuchicheo” que empieza con su “diálogo” (un acoso) a la empleada, para abrir el relato en dos dimensiones: lo que sucede entre él y la moza, y lo que él percibe y experimenta con los cosos de al lao. Habilita a un registro coloquial de tipo autobiográfico encerrado en sí mismo que   - en un marco de ficción o presunta ficción, tras el cuento anterior donde se produce un crimen y mantiene al lector en una tensión por las preguntas de qué va a pasar, quién va a morir, cuándo, qué desatará la noche -,  pasa a retratar simultáneamente cursos y usos de palabras porteñas. El visitante del interior llega y asoma al interior de su afuera para reflexionar sobre el cambio de nombres, y evaluar una situación actual mezclada con alguna información de recuerdos infantiles.

Cito:

 

            “Acá a la vuelta, me dijeron, el restó tal. ¡Cómo les gustan a los porteños esas palabras! Decir restó en vez de restorán, como hotel           Boutique. La verdad, valió la pena la sugerencia de Horacio. Me quedo en Palermo               Hollywood. Así lo llaman ahora. Cuando era          chico y venían a Buenos Aires con mis padres, era Palermo nomás. Palermo Viejo le decía a una parte, creo. Ahora es Hollywood,    Soho, y qué se yo cuánto. Cuánta joda que hay. Son todos boliches. Y el hotel es muy agradable, bien puesto. Es como una casa, tiene         pocas habitaciones”. [xii]

 

Los nombres de los tragos y los gustos de moda, se fusionan en otro lugar no céntrico geográfica ni culturalmente, pero céntrico comercial y económicamente (Belgrano - Palermo), donde abundan repertorios publicitarios, fotografías de “buen vivir” y estéticas decorativas de “buen comer”. En ese merodear, como forma de fabular y farfullar, los nombres se desplazan por el territorio como en la central de Retiro. Allí también, una mescolanza: las palabras importadas o de otros dominios o usos aparecen diferenciadas en itálica y otras veces, no. Por ejemplo, Spritz  convive con solito y cualquier día, en itálica. Hotel boutique sin itálica. Tele y guasap, sin comillas Las rutinas productivas de las jergas diferenciadas y los modismos populares o de ciertos grupos o usos temporales están trastocadas, fusionadas y desfamiliarizadas sin una regla que las organice.

En Skype sucede algo similar. Federico, hombre divorciado cuyas razones de separación ignora, se despierta con resaca en uno de esos días en que le toca estar con su hija Juana. En la nueva rutina que lo sorprende al abrir los ojos, usa las palabras “whisky” y “McDonald`s” de forma naturalizada, pues no aparecen ni entre comillas ni en itálica. Hay un decir mutante que avanza irradiando múltiples superficies o plataformas: “eskaip”, “¡Quéhijodeputa!”, “humeante”, “sabiiiía”, “porfis”, “shhhhhhiiiiií”, junto con nombres a medias: “Nacional B.” (en vez de Colegio Nacional de Buenos Aires o alguna liga nacional de deportes en clase B), y expresiones escatológicas como “pedo”. La tecnología es curiosamente un hábito típico del presente que  aparece escamoteado en tierra Rebasa.  Hablan poco por teléfono, la realidad no pasa por las redes sociales virtuales – aunque puedan iniciarse o reingresar a la actualidad para producir conflictos-, no miran películas, no escuchan mucha música ni enumeran autores, libros, obras teatrales, esculturas, pinturas o artesanías. Lo que arma la realidadficción de la escritura del presente es básicamente una cosa de la lengua (pos)moderna.

En “Las palabra” el desajuste de número abre a un lugar marginal entre ladrones donde una venganza produce un asesinato que lleva al protagonista a relatar (no sabemos cómo ni dónde) lo sucedido de una forma enrarecida al final, y que hace pensar – como en el fantasma de Charles Dickens en los Cuentos de Navidad – en un limbo entre vida y muerte de una especie de alma en pena. Allí, el uso del lunfardo lo entremezcla todo: la coloquialidad de un registro “canero” (“meterle bala a la gorda”), la apropiación sonora de expresiones orales de origen en otra lengua (“la flayié”), apropiaciones sonoras (“que yyyueva”); separaciones alteradas (“las pasta sesa”), errores (“aujero”, “etaba”, “estábamo”, “intosicado”, “pa matar”), exclamaciones populares (“¡Qué noche, Teté!”), derivaciones de voseo (“a bardiá”), reproducciones sonoras de objetos usadas para referir percepciones, junto con expresiones más complejas y correctas que confundirían lo real de la voz narradora. Por ejemplo:

 

            En cambio, si digo trucu, trrrrr, kkkk, te hacen pensar en movimiento en ación. Y también como que hay un sacudón ¡trucu!, ¿entendé?”

 

Aquello que en época de inmigraciones fue “cocoliche”, aquí parece estar cerca del “menjunje” o “chimichurri” del habla: una especie de mezcla intra-territorial, que lleva el yeísmo y seseo bonaerense a un dialecto latinoamericano ( ya no afrancesado, sino abonaerinzado), donde las palabras del mal decir conviven con modismos urbanos de registro “legal” que podrían en cuestionamiento el “verosímil” del lunfardo.

 

            “usa ese sonido trucu como un comodín para decir otra cosa (…) cuando uso esa palabra vos te das cuenta qué quiere decir”.

 

El pacto de ficción del uso lunfardo también está astillado. Hablan “mal” pero piensan “bien”. La acción de mezclarlo todo hace estallar desde adentro de un mismo idioma la frontera entre significado



[i]ANGENOT, Marc. “El discurso social. Los límites históricos de lo pensable y lo decible”, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 2010.

[ii]Ver LUDMER, Josefina. “El cuerpo del delito”.

[iii]  Del término queer, cuyas aproximaciones en Fonseca-Quintero acompaño en esta cita introductoria, para enfocar dos nociones básicas: una remitida a la noción de “desajuste” con el entorno, desde la acepción transitiva del verbo “desestabilizar”, y la segunda es la “teoría de la transgresión”; ya que ambas ideas admiten ser leídas dentro de la noción contra-cultural, que propone deshacer las viejas categorías genéricas. Lo queer reflexiona en un paisaje otro, de múltiples categorías y disciplinas desde donde leer y valorar el uso del lenguaje como política del deseo; donde los desajustes y las desestabilizaciones se fusionan para indicar otras identidades, otras formas de escrituras literarias. Cito fragmentos de Fonseca-Quintero: “La misma definición de queer (...) rechaza toda clasificación por género, práctica sexual o estado serológico; procura un mundo sin fronteras y de igualdad entre personas diferentes, es decir, promueve el derecho a la indiferencia, a ser tratados iguales pero diferentes. (…) El verbo transitivo queer expresa el concepto de “desesta­bilizar”, “perturbar”, “jorobar”; por lo tanto, las prácticas queer se apoyan en la noción de desestabilizar normas que están aparente­mente fijas. El adjetivo queer significa “raro”, “torcido”, “extraño”. (…) Queer refleja la naturaleza subver­siva y transgresora de una mujer que se desprende de la costumbre de la femineidad subordinada; de una mujer masculina; de un hombre afeminado o con una sensibilidad contraria a la tipología dominante; de una persona vestida con ropa del género opuesto, etcétera. Las prácticas queer reflejan la transgresión a la hetero­sexualidad institucionalizada que constriñe los deseos que intentan escapar de su norma (Mérida, 2002). (…) El vocablo queer no tiene traducción al español. La Teoría Queer se ha intentado traducir como teoría torcida, teoría marica, teoría rosa, teoría “entendida”, teoría transgresora; sin embargo, casi siempre se pierde el sentido preciso de la palabra inglesa, por lo que pensamos que es preferible utilizarla en el idioma original (Llamas, 1998; Guasch, 1998, 2000; Mérida, 2002). (…) El cambio social surgido a partir de los movimientos en favor de los derechos de las mujeres, de los homosexuales, la lucha contra el sida y la incorporación a las ciencias de otros investigadores, ade­más de los ancestrales hombres blancos, heterosexuales, burgueses, de mediana edad y protestantes”, Fonseca Hernández, Carlos; Quintero Soto, María Luisa. “Teoría Queer: la de-construcción de las sexualidades periféricas Sociológica, año 24, número 69, enero-abril de 2009, pp. 43-60Fecha de recepción 27/02/09, fecha de aceptación 25/06/09, p-45-6.

 

[iv]Lo real en las escrituras del presente busca desterritorializar o terminar con las fronteras de las luchas al interno de la literatura. Ludmer ubica en este desajuste o desfamiliarización la noción de “realidad -icción”, en el marco que lo definió como “literaturas post-autónomas”. Cito: “(Estas escrituras del presente) terminan formalmente (con) las clasificaciones literarias; es el fin de las guerras, divisiones y oposiciones tradicionales entre formas nacionales o cosmopolitas, formas del realismo o de la vanguardia, de la “literatura pura” o la “literatura social” o comprometida, de la literatura rural y la urbana, y también se termina la diferenciación literaria entre realidad (histórica) y ficción. No se pueden leer estas escrituras con o en esos términos; son las dos cosas, oscilan entre las dos o las desdiferencian”,  LUDMER, Josefina; Aquí América Latina, p. 153.

 

[v]El devenir como intensidades, contaminaciones, pastiches, intensidades corporales de un deseo cultural, intensidades singulares. Ver DELEUZE, GUATARI, Mil mesetas.

 

[vi]ENNIS, Juan Antonio. “En el decir de la lengua: Debates ideológico-linguísticos en Argentina desde 1837”, Frankfurt am Main:Peter Lang, p. .417, Ennis muestra las formas de representación de la lengua, formas y usos, ,como expresiones ideológicas y políticas. Uno de esos puntos, alrededor de la hegemonía bonaerense como puerto y lugar comercial, y su protagonismo lingüístico, da cuenta del lugar del yoismo y yeísmo, lo cual no tardó en hacer del idioma “argentino”,una variante del español “muy especial”: “El punto de partida es que el mundo hispanohablante es un terreno propicio para investigar los debates ideológico-lingüísticos debido primordialmente al proceso histórico de la colonización. La expansión colonial española impuso la extensión de la lengua  en todo el territorio conquistado. Sin embargo, a partir de la constitución de los nuevos Estados-nación independientes,el modo de vinculación con la lengua de la ex metrópoli comenzó a entrar en conflicto con la buscada identidad nacional de los nuevos países. En este marco, en la Argentina en particular, las discusiones sobre la lengua acompañaron la conformación delEstado desde los proyectos fundadores delos miembros de la Generación del 37(Esteban Echeverría, Alberdi y Domingo, Juan Bautista, Faustino Sarmiento). La posibilidad de postular la existencia de una lengua nacional y la relación con España, entre otras”, en Revista argentina de historiografía lingüística, I, 1, 100-105, 2009

 

[vii]RAE, sigla de la Real Academia Española.

[viii] Las literaturas pos-autónomas del presente saldrían de “la literatura”, atravesarían la frontera y entrarían en un medio (en una materia) real-virtual, sin

      afueras, la imaginación pública: en todo lo que se produce y circula y nos penetra y es social y privado y público y real. Es decir, entrarían en un tipo de materia

     y en un trabajo social donde no hay “índice de realidad” o “de ficción” y que construye presente. Entrarían en la fábrica de realidad que es la imaginación

     pública para contar algunas vidas cotidianas en alguna isla urbana latinoamericana”, Ludmer J., op.cit., p.153-156.

[ix]    Estas escrituras salen de la literatura y entran a "la realidad" y a lo cotidiano, a la realidad de lo cotidiano [...]. Y toman la forma      de escrituras de lo

    real: del testimonio, la autobiografía, el reportaje periodístico, la crónica, el diario íntimo, y hasta de la etnografía (muchas veces con algún "género literario" 

   injertado en su interior: policial o ciencia ficción por ejemplo). (...) Ahora, en las literaturas posautónomas ['ante' la imagen como ley] todo es "realidad"   

   (realidadficción); LUDMER, Josefina; op.cit., p.2.

[x]AGAMBEN, Giorgio. “Profanaciones”.

[xi]REBASA, Marcos. “Cruzar la raya”, p.13, 2016, Editorial Modesto Rimba.

[xii]REBASA, p.22; op.cit.