Tráfico de Corazones Candelaria Kristof Editorial Modesto Rimba 2020

 

                                                                                        Por Sabrina Álvarez

Todo vínculo con un libro genera un abanico de emociones. A mí, Tráfico de corazones, me produjo un encantamiento inmediato. La maravillosa imagen de la portada, hechiza y alienta. Al abrirlo no pude evitar correr hacia el prólogo: “Leer a Candelaria Kristof y ser invitado a presentar Tráfico de corazones es una tarea grata e inquietante”, comienza diciendo el “Indio Solari”, ícono del rock argentino, que le concede a la autora su lectura.

Hay libros que pasan delante de nuestros ojos y nos dejan imágenes increíbles y diferentes sabores. Voces que guían y acompañan por tramas diversas, metáforas asombrosas, y nos convoca a enredarnos despacio en ese hilo que teje la historia. Nos invitan a un viaje.

En este caso, atención pasajeros, porque lo que confluye en Tráfico nos compromete a hincar los dientes, masticar con los ojos y devorar con los sentidos alerta estos ocho cuentos memorables y la nouvelle, de una oscura precisión deslumbrante. Afirmo y garantizo que de ninguna de estas historias se sale ajeno.

 

“Acompañé a mi marido a Sri Lanka porque hacía varios años que no nos íbamos de vacaciones”. Bello comienzo, ¿no? Querido lector, abróchese el cinturón porque la narradora enciende las turbinas desde el primer cuento, en el que presente y pasado se entrecruzan y unen. A cada paso palpita la prosa exquisita de esta autora irreverente que se anima a ahondar, con oscura belleza, en temas de alto impacto social donde está imbricado el poder, y el develamiento asusta y sacude. No hay vuelta atrás: respire hondo, arranca el vuelo.

“En mi otra vida fui muñeca pero acá nadie me cree”. La mirada de esta adolescente nos lleva por laberintos y recovecos de la memoria como si sopláramos una flor de panadero con sus pelusas blancas, suaves, delicadas, ¿o son esquirlas de vidrio lo que sopla?

Atravesar la culpa, los miedos, y a Cordelia. El dolor de este personaje de mirada profunda, donde la sorpresa es suya y también nuestra. La oscuridad la envuelve, la trasgrede, la empuja. Y deja huella.

“Yo entonces la veo estallar en el aire, cada parte de mamá volviéndose enseguida transparente, volviéndose nada”, dice este nuevo personaje. No sé si fue la lluvia o fueron mis lágrimas, que lograron que me abrace a este cuento con un dolor dulce y hondo, y que me sumerja dentro de las imágenes que hablan por sí mismas con una cadencia abrasiva y envolvente.

La narrativa de la Kristof es una danza que gira, gira, remonta y vuela, vuela, hasta que salta. Acá, lectores, prepárense para tener a mano los paracaídas.

“Entonces ella se diluía, olvidaba las razones de esas nubes locas que pasaban volando. Su agua de fuego no fluía, no quemaba las naves como la lava de los volcanes, no atravesaba nada”. El sometimiento trafica con la revolución que supura en el aire. Respiremos hondo porque venimos en vuelo rasante.

A esta altura, estimado lector, anímese a recoger el guante: “¿Tendrá ojos la felicidad para ver lo que hay por afuera de ella, lo que hay, por ejemplo, a la vuelta del momento perfecto? Si los tiene, debe incluir la pena”.

Cada página de este libro es un tráfico de corazones que interpela y horada fuertemente en nuestro pecho, junto al erotismo que atrapa y engulle. Es imposible transitar estos ocho cuentos sin que las palabras no nos rocen y las emociones no estallen dentro. Palpita, gradual y feroz, la prosa en el flujo de nuestras arterias. Y ahí se instala.

 Ahora, entonces, si se anima, asómese lector. Hay turbulencias. Sí, claro. Comienza la nouvelle con una escritura poderosa, sin concesiones, donde el narrador en vez de lápiz escribe con un bisturí y le hace frente a una magia negra monstruosa, sin vacilar ante la oscuridad de lo descarnado:

“Les diré lo que pasa: uno puede convertirse en cualquier cosa”.

“Yo me convertí en asesino”.

 “Es algo difícil de explicar porque no pertenece al mundo de las palabras. El poder de su mirada era inconmensurable”.

Tomé estas frases que cimbrean en mi pecho para que no se me escapen entre el remolino de emociones. Convalido que el lector se deje llevar por su propia brújula y lo aliento a que no apriete el botón del paracaídas antes de tiempo.

“Tráfico de corazones” es una obra que conmueve de principio a fin. Lo espinoso de esta travesía es el aterrizaje final.

No dilato más el tiempo de este recorrido, el vuelo sale en pocos minutos.

 Por todos estos motivos, me genera enorme placer y emoción dar la bienvenida a la escritora Candelaria Kristof, y a su libro de cuentos: Tráfico de corazones, que ya forma parte del maravilloso catálogo de la Editorial Modesto Rimba.