Los poemas que integran Resto (Modesto Rimba, 2016) de Flor Codagnone proponen un trabajo con el lenguaje donde la presencia y la ausencia tienen el mismo peso, como si se pudiera encerrar el vacío. Haciendo de la brevedad su principal arma, el cuerpo, el deseo y la poesía se entrecruzan en este libro “como si pudieran rozarse las faltas”.

La memoria del cuerpo

¿Cómo nombrar lo que falta? ¿Qué rol juega el deseo en cada uno de nuestros movimientos, aún en los que el cuerpo manifiesta su propio camino más allá de nuestra voluntad? ¿Cuántas palabras son necesarias para dar cuenta de una reacción? Esas son algunas de las preguntas que parecen motorizar el poemario Resto (Modesto Rimba, 2016) de Flor Codagnone, donde la brevedad es el filo elegido por la autora para impactar al lector.

Conformado en su mayoría por pequeños bloques poético, Resto muestra de principio a fin una clara intención de Codagnone por crear un clima particular a lo largo de libro. Con un estilo que condensa sentidos, el sentido táctil es el que ocupa el centro de la escena. Puede leerse: “Voy a tener miedo./ Te voy a pedir que me abraces./ El vestido puede arrancarse./ La piel, no”. O también: “En este borde imposible/ en esta fractura, afiebrada/ por el verbo, perdí la voz, la patria: todo/ lo que toco es femenino”.

 

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